Nuestras emociones vienen y se van, cada una de ellas tiene una función, ya sea la de atacar para acabar con una situación que nos hiere, pararnos para escucharnos, protegernos de un posible mal, etc. Además, cada una de ellas trae información muy valiosa acerca de quienes somos, qué necesitamos, o qué nos hace daño.
Las emociones tienen su principio y su fin, no tenemos un interruptor al que darle para iniciar o parar. Llegan y se van.
A veces, hemos aprendido a taparlas, a no prestarles atención, pero eso nos aleja directamente de lo que somos y necesitamos.
También hay emociones que juzgamos como malas y a las que creemos hemos de desterrar de nuestra vida, pero esto muy lejos de ayudar, nos las lastra fuertemente.
Hay situaciones que se dan en nuestras relaciones, en las que podemos llegar a disculparnos por sentirnos de una determinada manera, pero lo que sentimos, está ahí por algo y no es algo que activemos a voluntad. Podemos disculparnos, por como nos hemos comportado al sentirnos de una determinada forma, incluso hacer saber que la persona con la que se produjo esa emoción, no es la responsable de que nos sintamos así, y que tiene más que ver con nosotros, nuestras heridas o circunstancias, pero nunca, NUNCA NOS DISCULPAMOS POR SENTIR. Por ser quienes somos y transitar lo que nos viene en cada momento sin tener control sobre ello. Lo que nos llega es valioso y debe ser respetado.


